noches de luna

 

Por las noches, a la luz de un candil de pacha de guaro y mecha de trapo, en aquella casona de adobes anchos y techo alto con las paredes encaladas y vigas de chaperno, mi mamá nos reunía  al rededor de un volcán de hojas de tabaco para que nosotros le ayudáramos a desvenar. Ella hacía puros y cigarros pat´ecuche para vender y hacerse de unos centavos para los menesteres de la casa Así es que para que no nos diera sueño  nos contaba cuentos, leyendas o pasadas. A nosotros nos gustaba mucho, era algo maravilloso, porque viajábamos en aventuras por mundos fantásticos llenos de magia, llegábamos a lugares a donde nadie puede ir si no tiene imaginación, de ese modo podíamos pasar toda la noche sin que nos diera sueño. Jamás olvidaré esta tradición de mi madre,  porque en noches de luna, como ésta, nos contaba cuentos.

 Para mi contar cuentos es sentirme vivo, es algo que no se puede describir con la palabra, es un deleite, es una forma de encontrarse con los demás.

 Durante 20 años me he desempeñado como profesor de teatro, esta labor ha sido parte de mi trabajo como promotor socio cultural comunitario en donde he tenido contacto  con la niñez y la juventud de comunidades que fueron afectadas por el conflicto armado de los 80s y también comunidades urbano rurales marginales para poder hacer mi trabajo de formar y organizar grupos de teatro con los jóvenes yo me quedaba a vivir al menos tres días ahí, así es que aprovechaba para hacer algo que también me gustaba mucho, era contar cuentos.

Si llegaba en la tarde a la comunidad iba convocando a quien encontrara para reunirnos a contar cuentos a las 5 p.m. en el atrio de la iglesia o en la plazuela, así llegaba la noche y nos encontraba  a mucha gente  contando cuentos.

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