había una vez

 

Presentimiento
(cuento)
 Juan Salomón Paredes
 
 

               Sobresaltado se despertó porque oyó en su cuarto un revolotear de pájaros que le espantaron el sueño, luego se quedó sentado a la orilla de la cama saboreando la insípida sensación de un extraño presentimiento. A oscuras buscó su reloj de pulsera que estaba sobre una vieja mesita de noche, lo levantó para verlo con la luz que entraba por la ventana; Se fijó que eran las doce, la hora cero, el punto de transición entre la noche y el día, entre la vida y la muerte. A fuera estaba por desatarse una tempestuosa tormenta, los relámpagos irrumpían en la intimidad de las almas. 

                Luego se ensartó unas charrascas, se embozó en una cobija y salió al balcón. Él dormía en un cuarto de segunda planta  en una casa del centro de San Antonio Abad. Ese balcón era su lugar favorito, ahí podía pasar largo rato porque desde ahí tenía una vista panorámica del lugar, especialmente en las noches de invierno que después de los aguaceros, le gustaba sentir la brisa fresca, ver como la neblina abraza la luz de las lámparas de la calle, contemplar la quietud de la noche envuelta de la magia y los misterios que se esconden en las sombras.

                La tormenta amenazaba con caer, los fuertes ventarrones arrastraban el polvo y la basura de las calles, las copas de los árboles se mecían como hábiles bailarines de danzas paganas. De pronto algo le llamó la atención y era que en el breve instante del destello de un relámpago le pareció  haber visto a una mujer, abajo en la calle, junto a unas champas de lámina. Esperó el próximo relámpago para confirmar su visión y la vio de nuevo, notó que su vestido era blanco y largo hasta los tobillos, al tercer relámpago hizo un esfuerzo por reconocerla, pero fue imposible por la distancia. Le pareció extraño ver a una mujer en la calle,  a esas horas de la noche. Ella salió a un punto más visible para hacerse notar y luego con un movimiento de la mano,  lo llamó.  Aunque al principio no reaccionó, intentó digerir la situación pues no podía creer lo que estaba sucediendo y al ver que ella lo llamó de nuevo comenzó a percibir algo extraño que vagaba en el ambiente.  

               Momentos después la curiosidad comenzó a corroerle las entrañas y decidió averiguar de qué se trataba todo aquello. Se vistió y salió a la calle, buscó a la mujer pero  ya no estaba, entonces supuso que aquella visión era producto de su mente. En esa conclusión estaba cuando vio que en la esquina de la farmacia, como a quince metros,  la mujer salió corriendo y se detuvo en medio de la calle, lo vio por unos instantes, lo llamó por tercera vez y siguió corriendo calle abajo.

                Él empezó a seguirla guardando la distancia,  mientras que ella iba jugueteando por toda la calle, a veces daba la impresión que flotaba en el aire y se dejaba llevar por el viento. Después de seguirla como dos cuadras y media llegó a una cruz calle, en un lugar llamado la “Bomba” y allí se detuvo por que  vio que la mujer se metió en una casa, hasta entonces calló en la cuenta que ya se había alejado demasiado de su tibia y cómoda habitación, entonces empezó a experimentar el miedo pues estaba solo en una cruz calle a media noche y con una tormenta que estaba por desatar su tempestad. La piel se le erizó y empezó a sentir el cuerpo pesado, para su suerte comenzó a oír una música extraña,  puso toda su atención y comenzó a reconocer una melodía melancólica ejecutada con pito de vara y tambor, el miedo se le fue olvidando y en la medida que caminaba  descubría que la música venía del lugar donde se metió la mujer.  Al llegar al patio de la casa se alegró,  pues ahí había varias personas, luego se quedó helado porque descubrió que en el centro del patio,  en el  suelo estaba un hombre muerto y a su alrededor habían doce personas, hombres y mujeres con la cabeza inclinada viendo el cadáver, aquellas personas tenían sombreros adornados de flores y listones de papel, cada uno tenía un pañuelo rojo amarrado en la muñeca de la mano derecha, sus vestidos eran de colores vivos que se deslumbraban con los destellos de los relámpagos.

                Por un extraño impulso se acercó a las personas del círculo y les preguntó qué era lo que le había pasado a ese hombre del suelo y los doce a una sola voz le contestaron: Ha muerto de un ataque al corazón, las voces se repitieron como un eco; de un ataque al corazón, de un ataque al corazón,  después se dirigió a los hombres que estaban en  el corredor,  los que  tocaban el pito y el tambor y les preguntó si habían visto a una mujer de blanco. El hombre de la chirimiílla le dijo que no preguntara nada y que sólo escuchara lo que le iba a decir:

Es mi obligación explicarle que usted ha sido elegido

¿Elegido… yo… para qué?

Eso usted debe saberlo

¿Saber qué?

Bueno que usted es el próximo

Con una risa nerviosa e irónica exclamó: ¿De qué se trata todo esto?, ¿Qué es lo que quieren?,  yo no tengo nada que ver con ustedes, ni los conozco,  ni me interesa, no se ni porqué estoy aquí,  pero ahorita mismo me voy y espero que le pongan fin a esta locura,  que me parece una broma de mal gusto.

 El hombre le reafirmó: Yo solo cumplo con mi deber y estoy seguro que cuando lo entienda,  sabrá que este es su destino y jamás lo podrá cambiar… piense bien lo que le he dicho.

               El ruido de un estruendoso rayo estremeció la noche y sobresaltado se despertó,  poco a poco fue recobrando la conciencia, hasta que estuvo seguro de que todo había sido un sueño.

                Se sentó a la orilla de la cama, a tientas empezó a buscar su reloj que estaba sobre la mesita, lo orientó a la luz y vio que eran las doce de la noche. En la ventana el viento golpeaba enfurecido, impactando las primeras gotas de una fuerte tormenta que empezaba a caer, se empezó a dar cuenta de que los acontecimientos que estaba viviendo, tenían una enorme coincidencia con el sueño, fue entonces que comenzó a inquietarle la idea de abrir la puerta y ver hacia la calle. No aguantó mucho, se echó la cobija y salió al balcón. Luego dirigió su mirada a la calle, cuando de pronto en la claridad de un relámpago vio a una mujer vestida de blanco.  Aquello lo impresionó tanto que comenzó a sentir contracciones dolorosas en el pecho, la respiración se le dificultaba, se retorcía   apretándose el tórax con las manos y luego empezó a resbalar lentamente por la pared hasta caer al suelo. La lluvia azotaba su cuerpo,

                En la autopsia que le hicieron  decía que había muerto de un ataque al corazón.

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